Los Perales apuntan alto
En esta familia todos tienen un arco y una flecha. La mamá, el papá y los siete hijos apuntan, disparan y pocas veces fallan. También pueden ser críticos de cine, maestros de arquería y hacer piruetas entre 'zombies'.
Mario tiene la estatura de un delantero, buena puntería y le gusta el fútbol. Tiene las características de un futuro goleador. Pero es arquero, de los de arco y flecha.
En un país gobernado por el fútbol, Mario decidió lanzarle flechas a una botella de gaseosa. Ese fue su primer blanco. Su primer gol fuera de una cancha de fútbol. Desde hace quince años, aquel muchacho no deja el tiro con arco. Pero hay quienes lo escuchan hablar de arquería y lo imaginan debajo de una portería y listo para soportar un pelotazo. "Una vez, un amigo pidió implementos para arqueros y su familia le regaló guantes, pelota y chimpunes", dice.
Mario nunca tuvo ese problema. Los domingos su familia no habla de equipos de fútbol, de la selección peruana o de malos arbitrajes. Los Perales Olivos discuten sobre la mejor técnica para disparar una flecha, los trucos y futuros campeonatos mundiales. Desde que era niño, Mario forma parte de un equipo de nueve arqueros. El joven, sus seis hermanas y sus papás son amantes de las flechas. Los Perales Olivos son una de las familias más grandes dedicadas al tiro con arco.
Todo empezó una Navidad. Patricia Olivos le regaló a Jorge Perales un arco similar a uno que vieron en televisión. Tenía cuatro flechas, era olímpico, pero no tenía implementos como las miras (piezas para dirigir la vista) o los estabilizadores. "Estaba desvestido", dicen. Patricia asegura que Jorge quedó encantado con el regalo. Hubo emoción y sorpresa. Por eso, quizá, no se explica por qué su esposo decidió guardarlo por un año.
Cuando decidieron usarlo, nadie sabía cómo. En Cieneguilla, donde Mario decidió lanzarle flechas a una botella, sus padres Jorge y Patricia aprendieron a utilizar el arco. Los acompañaban sus hijas Mayra y Sandra. Ellas también pusieron a prueba su puntería. No lo hicieron mal.
La siguiente Navidad también hubo arcos. Esta vez, nadie los guardó. El equipo crecía, pero aún no competía. Algunos años después, no solo eran Patricia, Jorge y Mario. También estaban Mayra, Sandra, Karime, Aline y Aira. El único integrante extranjero es el padre. "Soy boliviano, pero de corazón peruano", aclara.
HORA DE COMPETIR
"¡Llegaron los Perales!". Este es el resignado aviso de la competencia durante los torneos locales. Patricia, Jorge y sus hijos llegan a los campos de tiro y las probabilidades de victoria se reducen para los rivales. "Las competencias son individuales. Mis hermanas y yo ocupamos varios puestos. Uno le quita el lugar al otro", cuenta Mario, de 22 años.
Los hijos revelan con timidez que Patricia es la más veloz de la familia. La dama de 51 años, que lanza con rapidez las flechas, no tiene en la memoria el número de victorias o derrotas de la familia, pero con un rápido conteo revela que tienen doce medallas por tiro con arco olímpico en torneos nacionales. Jorge y Patricia participaron en nueve competencias internacionales. Mario estuvo en China y la menor del equipo, Keyra Perales, de nueve años, en Corea del Sur. El año pasado, el equipo peruano hizo la mejor demostración de tiro con arco tradicional en Corea. Superó a cincuenta países. En el Perú, a más de 16 mil kilómetros de distancia, poco se supo de este reconocimiento.
AMOR A LO TRADICIONAL
Antes de disparar una flecha, los arqueros tienen que separar los pies. El cuerpo, en posición lateral, se ubica frente al blanco del tiro. Una mano sujeta el arco. La otra coloca la flecha. Solo tres dedos sujetan el proyectil y comienzan a jalar la cuerda. La estiran hasta llegar a la comisura de los labios. Entonces, el arquero abre los ojos, identifica el blanco y suelta el dardo. "Nunca hay que cerrar los ojos, sino le quitas información al cerebro", advierte Patricia. Este estilo, conocido como Mediterráneo, es el que comparten los Perales.
La familia de arqueros ingresó a este mundo con un arco olímpico. La Federación Peruana de este deporte detalla que cien atletas lo practican y que el año pasado el país obtuvo dos medallas en México y Santo Domingo. Pero los Perales Olivos ya no están en ese grupo: ahora utilizan el arco tradicional, el que se parece al de Robin Hood y se arma en segundos, no necesita miras, ni accesorios adicionales a la mano talentosa del arquero.
EL EQUIPO EN CASA
A los dos años y medio, Keyra Perales Olivos caminaba, hablaba y disparaba flechas. La pequeña de nueve años es la arquera más precoz de la familia. Cuando entrena busca el objetivo a ocho, diez o cincuenta metros de distancia. Jorge y Patricia la observan en silencio. Él levanta el pulgar en señal de aprobación. Ella festeja su tiro al blanco: "Hermoso".
Desde el 2012, Patricia es presidenta de la Federación Mundial de Tiro con Arco Tradicional para el Perú y Sudamérica. "¡Pero es mujer!", reclamó un turco durante la ceremonia de designación en Corea. "Soy la única presidenta mujer en la Federación y soy la primera peruana", comenta. Su principal objetivo es que la Unesco declare el arco tradicional como Patrimonio Cultural de la Humanidad en el Perú. Los Perales lo practican como deporte. Los machiguengas y asháninkas lo usan para la caza y subsistencia.
La familia camina descalza en su casa de Surco. El hogar de los Perales Olivos es un pequeño museo de cultura asiática: arcos chinos y flechas taiwanesas adornan las paredes. Los domingos arreglan sus armas. No tienen mascotas. Solo peces y unos blancos móviles con forma de zorritos y venados.
Sandra es una de las mejores arqueras del equipo. Puede cambiar el arco por un pincel. La hija de treinta años es profesora de arte. Escribe con la izquierda y lanza flechas con la derecha. "En mi colegio era la única que practicaba tiro con arco. Cuando decía que lo hacía tipo Robin Hood recién me entendían", dice.
Los Perales son abogados, médicos, publicistas, ingenieros y artistas. Pero también pueden ser agudos críticos de cine. Sobre todo, cuando aparecen un arco y una flecha.
La última víctima fue la actriz Jennifer Lawrence. La protagonista de la película Los Juegos del Hambre, quien interpreta a una talentosa arquera, no convenció a los Perales. "Agarra mal el arco y tiene la flecha entre estos dedos. Eso es imposible. En la vida real, si suelta la flecha, se corta la mano", dice Patricia en un debate. Tampoco les convence la película Éxodo. "Hay un arco mal armado", comenta sin mayor discusión.
DEPORTISTAS POR PASIÓN
Patricia tiene una gorra llena de insignias y escudos de otros países. Cada pin lo recibió en las competencias internacionales. Le daban un recuerdo a cambio de otro peruano. El viaje y la estadía corren por su cuenta. "Todo es ad honorem. No tenemos sponsor, ni nadie que nos financie. Todo es puro corazón", asegura Olivos.
En las competencias internacionales debe vestir trajes típicos. Patricia se convirtió en shipiba y Coya Inca.
El año en que la designaron presidenta de la Federación Mundial de Tiro con Arco Tradicional, la mamá de los Perales acudió al Instituto Peruano del Deporte (IPD). Allí -cuenta- le dijeron que ya había una federación de tiro con arco. "Como no es fútbol, no hay apoyo", dice.
Finalmente, decidió abrir Peru Traditional Archery Academy. En cuatro años, Patricia y Jorge han sido instructores de 600 niños y jóvenes.
Cuando tienen sus arcos, los Perales caminan uniformados. El año pasado, en un festival de la serie The Walking Dead, les pidieron una demostración. Lanzaron flechas de rodillas, de espaldas y con un solo pie. Fue la única familia de arqueros en medio de zombies. Ellos sí eran reales.